LA MUJER
DE LOT
Miré
atrás dicen que por curiosidad.
Mas,
curiosidad aparte, pude haber tenido otras razones.
Miré
atrás de pena por la fuente de plata.
Por
descuido, mientras ataba la correa de mi sandalia.
Para no
mirar más el cogote justo
de mi
esposo Lot.
Por la
súbita certeza de que, si muriera,
ni
siquiera se habría detenido.
Por la
desobediencia de los sumisos.
A la
escucha de la persecución.
Tocada
por el silencio, esperando que Dios cambiara de parecer.
Nuestras
dos hijas ya desaparecían detrás de la cima de la colina.
Sentí la
vejez en mí. La lejanía.
La
vanidad de la andadura. El sueño.
Miré
atrás al poner el hatillo sobre el suelo.
Miré
atrás por temor a dónde dar el paso.
En mi
sendero aparecieron serpientes,
arañas,
ratones, polluelos de buitres.
Ya ni lo
bueno ni lo malo —simplemente, todo, lo vivo,
reptaba y
saltaba en pánico colectivo.
Miré
atrás por mi soledad.
Por
vergüenza de estar huyendo a hurtadillas.
Por ganas
de gritar, de volver.
O quizá
sólo cuando arreció el viento,
soltó mi
cabello y me levantó el vestido.
Sentía
que me miraban desde las murallas de Sodoma
y rompían
en carcajadas sonoras, una y otra vez.
Miré
atrás por rabia.
Para
saciarme de su gran perdición.
Miré
atrás por todas las razones arriba expuestas.
Miré
atrás de forma involuntaria.
Fue sólo
una piedra la que giró rugiendo bajo mi cuerpo.
Fue una
grieta la que, de súbito, me cortó el camino.
En el
borde un hámster se agitaba sobre sus dos patas.
Y fue
entonces cuando ambos miramos atrás.
No, no.
Yo seguí corriendo,
arrastrándome y levantando el vuelo,
hasta que
la oscuridad cayó del cielo,
y con
ella la gravilla ardiente y las aves muertas.
Por falta
de aliento giré repetidas veces.
Quien lo
viese habría pensado que bailaba.
No
descarto que tuviera los ojos abiertos.
Es
posible que me desplomara con el rostro vuelto hacia la
ciudad.
Wislawa
Szymborska, del libro "El gran número, Fin y principio, y
otros poemas", en Hiperión 2007.