Todos los días se puede observar algún prodigio.
¿O no es un prodigio un amanecer o un atardecer?
Las nubes, con sus fantásticas formas y tonalidades
Las flores, extrañas y delicadas joyas multicolores
Las plantas y los árboles, su color verde y su otoño rojo
El simple correr del agua, arrastrada por la fuerza de la gravedad
La fina o torrencial lluvia, la tormenta, el arcoiris...
El jadeo de mi perro y el movimiento de su rabo contento
Los raros y, en ocasiones, molestos insectos
con sus alas transparentes o duras, música zumbante del verano
Poder olfatear delicados o penetrantes aromas
que se instalan en el recuerdo, situándonos en nuestro pasado
Sonidos, vibrantes en el aire, el trueno, el mar, el regato...
La marea incomprensible de los coches en función
Los guturales sonidos de nuestro hablar
Y lo que es más extraño y maravilloso aún:
Pensar... y poder comunicar una parte de nuestros pensamientos
Y no sólo eso, sino poder pensar realidades nuevas
que nuestra mente inventa, desesperadamente, buscando no sé qué.
La maravilla, simplemente, de estar vivo, aquí y ahora.
Y vislumbrar lo sagrado, y lo frágil, de nuestra breve vida.
(A. M. Teón)