LA PLUMA
(Isabel Álvarez-Pedrosa)

Donde confluyen el Amazonas y el Tapajós, el agua se vuelve entre verde y amarilla casi fosforescente como la pluma que adorna al pájaro-xingú. Otras aves lo envidian y susurran a su paso que es demasiado orgulloso por una simple pluma aunque esta les deslumbre con su fulgor cuando el sol invade la cúpula arbórea de la escondida selva tupiguaraní. Es entonces, cuando el xingú, creyéndose muy superior en méritos a los otros pájaros, eleva el vuelo con estilo y cae con una flecha clavada en el costado al convertirse en un blanco fácil y llamativo para el hambriento indio Irirí. Ya se sabe que el hambre no hace distinciones en lo referente a plumajes, colores y otros atuendos. El indio Irirí tras asar y comerse al xingú repara embelesado en su maravillosa pluma fosforescente. La coloca orgullosamente en lo más alto de su tocado y sueña sesteando al pie de un sicomoro que su mágico atavío le convertirá en el Jefe de la tribu. El Irirí no se da cuenta de que la boa esmeralda se siente peligrosamente atraída por al brillo de la pluma del pájaro xingú.