Chamanismo en las cuevas paleolíticas
Jean Clottes
Ponencia defendida ante el 40 Congreso de Filósofos Jóvenes (Sevilla
2003)
La arqueología y la antropología física mostraron hace
tiempo que las gentes del Paleolítico Superior, nuestros ancestros Cromañones,
eran exactamente como nosotros. Nuestro linaje directo empieza en África
al menos hace 120.000 años. Hace alrededor de 90.000 años, el
Homo sapiens sapiens, como ha sido llamado, había llegado al Oriente
Próximo. Algunos continuaron hacia el este y Australia fue probablemente
poblada entre hace 60.000 y 50.000 años. Otros, se dirigieron al oeste
y llegaron a lo que es ahora Europa Occidental entre hace 45.000 y 40.000 años.
Ellos y/o sus descendientes fueron los creadores de lo que llamamos arte rupestre.
Puesto que muchas de esas pinturas y grabados fueron realizadas en las profundidades
de las cuevas, donde nadie vivía, ya desde su descubrimiento la mayoría
de los especialistas han coincidido en que respondían a un fin religioso
y en que, a través de ellas, podíamos aproximarnos a algunas de
las creencias de aquellas antiguas gentes. Se hicieron comparaciones con el
arte rupestre de cazadores recolectores modernos existente en otras partes del
mundo. La universalidad de la religiosidad humana, así como el hecho
irrebatible de que pertenecemos todos a la misma especie, con las mismas facultades,
necesidades y anhelos, hacían posibles tales comparaciones.
Es una idea propuesta hace medio siglo (Eliade, 1951) que las religiones paleolíticas
europeas podían ser chamánicas. La hipótesis fue desarrollada
en años posteriores (particularmente por Lewis-Williams & Dowson,
1988). Antes de que se aplicara a lo que conocemos de las cuevas pintadas, tres
series distintas de observaciones fueron tenidas en cuenta: los trabajos de
neuropsicología acerca de los estados de conciencia alterada, las sociedades
chamánicas en el mundo, y el arte rupestre de culturas chamánicas
conocidas, como los San de África del Sur y numerosos grupos nativos
americanos del Este de E.E.U.U. En los 90, trabajé con Lewis-Williams
para comprobar si la teoría podía ser aplicada o no al arte rupestre
Europeo (Clottes & Lewis-Williams, 1996, 1997, 2001). Recientemente, Lewis-Williams
ha desarrollado y expandido su modelo e ideas en un innovador libro (Lewis-Williams,
2002).
El modelo neuropsicológico
Los estados de conciencia atlerada son parte intrínseca del acervo neuropsicológico
humano. Además de los sueños reales y de las ensoñaciones
en estado de vigilia, nuestras percepciones pueden ser modificadas por el cansancio,
la falta de sueño, las emociones fuertes o por verdaderas alucinaciones.
Estas últimas pueden ser causadas no sólo por drogas o estados
patológicos, sino también por ayuno, insolación, oscuridad,
sufrimiento, sonidos palpitantes, luces centelleantes, concentración
intensa, etc.. En nuestra sociedad ultra racionalista, tales fenómenos
son despreciados, por lo que muchos de ellos nunca son tenidos en cuenta. En
otro tipo de culturas, los buscadores de visiones llegarán a ser profetas,
líderes espirituales, o chamanes.
Lewis-Williams y Dowson (1998), basándose en los numerosos estudios publicados
sobre las alucinaciones, propusieron un modelo con tres estadios. Este modelo
es "ideal", es decir, determinadas personas pasarán de un estadio
al siguiente, mientras que otras alcanzarán directamente el tercero e
incluso habrá quienes nunca sobrepasen el primer o segundo estadio.
Las nubes de puntos son uno de los elementos entópticos que se ven usualmente
en el primer estadio del trance. Aquí, en la Cueva del Castillo (Cantabria,
España), han sido ordenados en una estela que parece salir de un agujero.
El primer estadio se caracteriza por fenómenos entópticos (esto
es, que tienen lugar dentro del ojo) con la percepción de formas geométricas.
En el segundo, la mente afectada instintivamente intenta racionalizar dichas
formas y otorgarles un significado. Comienza la organización. Una sensación
frecuente es la de viajar a través de un túnel o ser absorbido
por un remolino. Al salir de él se llega al tercer estadio, con alucinaciones
espectaculares en las que todos los sentidos participan y a veces se entremezclan
en extraña confusión. Se puede levitar, encontrarse con extrañas
criaturas, hablar con animales o transformarse en ellos. Los fenómenos
entópicos permanecen a menudo de fondo (Lemaire, 1993).
De acuerdo con el etnólogo (Reichel-Dolmatoff, 1978), las visiones de
los indios colombianos Tukano siguen el modelo arriba descrito con bastante
fidelidad. Otras variantes se han documentado en numerosas sociedades chamánicas
de varias partes del mundo. Por ejemplo, el chamán siente que su alma
abandona frecuentemente su cuerpo y vuela al otro mundo a través de un
túnel o bajo el agua. Esto recuerda experiencias místicas u otras
cercanas a la muerte, cuando el sujeto vislumbra una gran luz al final de un
túnel, o cuando puede volar o sentir claramente la presencia de sus seres
queridos. Todas estas reacciones son las propias del sistema nervioso humano
ante estímulos y situaciones excepcionales.
Chamanismo
De entre los múltiples componentes del chamanismo (Hultkranz, 1987; Vitebsky,
1995), algunas características están directamente relacionadas
con nuestro propósito.
El llamado "brujo" de la cueva de Gabillou (Dordogne, Francia), representa
una criatura compuesta de lo animal y lo humano.
En primer lugar, la creencia en un cosmos complejo en el cual coexisten varios
mundos, paralelos o dispuestos en niveles, que interactuan entre sí haciendo
que la mayor parte de nuestros acontecimientos estén causados por el
otro(s) mundo(s).
En segundo, algunas personas se consideran capacitadas para entrar en contacto
deliberadamente con el otro(s) mundo(s) para conseguir fines beneficiosos: sanar
la enfermedad, mantener buenas relaciones con los seres sobrenaturales o restaurar
la armonía quebrada, imprecar la lluvia en periodos de sequía,
asegurar una buena caza o dirigirse al "Señor de los Animales"
para que la caza pueda ser posible, predecir el futuro o maleficiar a un enemigo.
Y en tercero, el contacto puede tener lugar cuando los espíritus favorables
acuden, a menudo con formas animales, al chamán o al buscador de visiones.
El chamán se identificará con su espíritu favorable. Puede
también enviar su alma al otro mundo para encontrarse con los espíritus
y obtener su ayuda. Todo esto tendrá lugar a través del trance.
Finalmente, el chamanismo está ampliamente extendido entre los pueblos
cazadores y recolectores. Hasta hace poco, estaba presente en una enorme área
que incluía el Ártico, desde Siberia a Canadá, Escandinavia,
toda la América del norte y bajaba hasta el norte de la América
del sur. Teniendo en cuenta que el hecho religioso se mantiene durante largos
periodos de tiempo, incluso en sociedades dinámicas, y, también,
el muy antiguo poblamiento de América en el Paleolítico Superior,
en buena lógica deberíamos considerar como hipótesis previa
la existencia de un fuerte entramado chamánico en las religiones paleolíticas.
El arte rupestre de las sociedades chamánicas contemporáneas.
Muchas similitudes, causadas por una comunidad de creencias, se aprecian en
la localización del arte, su temática y sus motivaciones.
A menudo, los sitios pintados o grabados son considerados como una entrada al
mundo de los espíritus, una puerta que puede operar en ambos sentidos.
Esos sitios también facilitan la llegada de visiones. Una persona que
pretenda acceder al mundo sobrenatural irá a un lugar solitario para
esperar una visión, a menudo al pie de una pared cargada con el poder
de sus imágenes. La entrada al otro mundo se producirá tras atravesar
un túnel custodiado por animales guardianes (osos y/o serpientes de cascabel
en California). En estos lugares sagrados, los espíritus animales emergen
de entre las grietas de la roca y regresan de igual modo. Esta es una de las
razones por las que tantas serpientes y otros animales son representados como
si parecieran surgir de la roca.
Las imágenes estaban llenas de poder, lo que explica su apiñamiento
en algunos paneles: cada una de las nuevas absorbía el poder de las anteriores
y añadía el suyo propio. El número de temas representados
es siempre limitado. En el californiano Coso Range, los muflones predominan
en tanto que animales de lluvia, desempeñando un papel vital en esa desértica
región.
Las imágenes incluyen figuras geométricas, similares a las formas
entópticas, y criaturas compuestas (con características animales
y humanas), que los testimonios etnológicos describen como espíritus
encontrados en el trance o como transformaciones del mismo chamán.
En varios casos, el arte rupestre servía para materializar las visiones.
En Nevada y California, si esto no se hacía, el buscador de visiones
"perdería" aquellas que hubiera tenido y moriría. A
veces, el viaje del alma del chamán se representaba mediante metáforas
(su propia muerte o la matanza de un animal para el trance).
Todo esto permite apreciar una obvia relación con el arte paleolítico.
Arte Paleolítico
El arte paleolítico evidencia una total unidad en varios aspectos. De
entrada, el uso constante de la profundidad de las cuevas a lo largo de más
de 20.000 años. Pintar y grabar en un ambiente de completa oscuridad
es algo excepcional en la historia del género humano. Que tal tradición
perdurara tanto tiempo sólo se explica por la existencia de creencias
fuertemente arraigadas, transmitidas de generación en generación.
En toda Europa y en todo tiempo, la representación de animales y signos
geométricos fue prioritaria, así como la ejecución de muchos
trazos indeterminados. La figura humana escasea. Las criaturas compuestas también
son propias del arte Paleolítico (desde un hombre con cabeza de león
en el Auriñaciense de Hohlenstein-Stadel a los "brujos" del
Magdaleniense medio de Trois-Frères, figura 3.).
El llamado "brujo con arco musical" de la Cueva Trois-Frères
(Ariège, Francia), compuesto de lo animal y lo humano. Figuras como ésta,
o la de Gabillou, comunes en culturas chamánicas, podrían representar
al chamán transformado, o a un espíritu sobrenatural.
En las cuevas, las gentes del Paleolítico Superior se comportaron exactamente
igual desde el 32.000 al 12.000 BP. Fueron a los más remotos pasillos
y recovecos, a veces a lugares donde sólo cabían una o dos personas
al mismo tiempo (Portel, Chauvet, Tuc d'Audoubert, Candamo). Allí, lo
importante era el acto de representar, no el resultado. Por el contrario, en
grandes salas (Lascaux (Salle des Taureaux), Niaux, Chauvet) se hicieron impresionantes
composiciones, y otras pinturas se superpusieron en complejos palimpsestos (Trois-Frères,
Gargas, Lascaux: Ábside). Esto implica la participación en ceremonias
colectivas en las que las imágenes jugaban un papel en la perpetuación
de las creencias, las visiones del mundo y las prácticas rituales para
obtener la ayuda de los espíritus.
Parte de la famosa "Escena del Pozo"de la cueva de Lascaux (Dordogne,
Francia), en la que un hombre con cabeza de pájaro yace frente a un bisonte
herido y eviscerado. Cerca del hombre, un pájaro parece posado en una
vara. La imagen del pájaro podría representar el vuelo del alma,
una metáfora común en el trance del chamán.
La cueva misma tenía la mayor importancia. Muy a menudo, y en todo tiempo,
se aprovecharon los relieves naturales u otros accidentes de la roca para la
representación de alguna parte del cuerpo del animal, o como si los animales
surgieran de las grietas de la pared, de los tubos o del fondo de las galerías
de las cuevas. Muchos fragmentos de hueso fueron introducidos en las grietas
de las paredes sin más propósito práctico que el de penetrar
en la roca. Vestigios de tales gestos no utilitarios se han encontrado en diversas
cuevas que se sitúan entre los 27.000 años de Gargas y los 14.000
de las Cuevas del Volp, confirmando que la cueva y sus paredes eran pensadas
y usadas del mismo modo.
Estos hechos son demasiado numerosos para ser el resultado del azar o la coincidencia.
Testimonian tradiciones y la materialización de fundamentalmente las
mismas creencias durante más de veinte milenios.
El arte Paleolítico como el testimonio de una religión chamánica
Las gentes del Paleolítico Superior, nuestros directos antecesores, tenían
un sistema nervioso idéntico al nuestro y, por lo tanto, estados de conciencia
alterada que interpretarían a su manera. Sabemos que repetida y deliberadamente
entraban en la profundidad de las cuevas para plasmar representaciones, no para
vivir allí, y eso ocurrió durante inmensos periodos de tiempo.
También sabemos que en todo lugar y en toda suerte de mitologías,
el mundo subterráneo ha sido considerado como el reino de lo sobrenatural,
de los dioses, la muerte o los espíritus. Ir allí era aventurarse
en el otro mundo para reunirse con sus moradores. La analogía con los
viajes del alma del chamán es obvia. Además, las experiencias
de espeleólogos contemporáneos avalan las propiedades alucinógenas
de las cuevas (Fénies, 1965). Estas alucinaciones accidentales se deben
al frío, la humedad, la fatiga, y la falta de estímulos externos.
Cuando los magdalenienses o sus predecesores iban a la profundidad de las cuevas,
sabían que penetraban en el mundo de lo sobrenatural y esperaban encontrarse
allí con los espíritus. En tal estado mental, reforzado por la
tradición, la posibilidad de tener visiones se acrecentaba
Dos ciervas que parecen salir de una galería de la cueva de Covalanas
(Cantabria, España).
De este modo, las cuevas tenían una doble función: facilitar las
visiones y acceder a los poderes a través de la pared, que era una suerte
de velo entre el otro mundo y el nuestro. Así, el uso de relieves naturales
cobra pleno sentido: se creía que el propio espíritu del animal
estaba presente en la roca, literalmente al alcance de la mano. Mediante la
representación, se llegaba a él a través del velo de la
pared y se conectaba con su poder. Los agujeros, tubos y galerías profundas
jugaban un papel similar, como lugares por los que los animales surgían.
Trozos de hueso introducidos en las grietas de la pared.
Este deseo de conectar con los espíritus o los poderes del mundo subterráneo
se habría manifestado también de otros tres diferentes modos.
Primero, mediante la introducción de astillas de hueso en las grietas
de las paredes (Trois-Frères, Enlène), Tuc d'Audoubert, Bédeilhac,
Labastide, Troubat, Brassempouy, Portel, Llonin, &c.). El simbolismo básico
de este tipo de gesto se puede encontrar en todo tipo de contextos, incluso
en nuestros días (como en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén).
Segundo, con los grabados digitales y los trazos indeterminados, que podrían
responder a los mismos motivos: no pretendían dibujar una imagen, sino
dejar una marca allí donde era posible (Cosquer, Gargas): lo importante
era el gesto en sí mismo. Teniendo en cuenta el contexto sagrado de las
cuevas, la explicación más verosímil estaría en
que con su ejecución se intentaba conectar directamente con los poderes
de la pared. Estas marcas podrían haber sido hechas por los no iniciados
y ser su concreta participación en las ceremonias. Y, finalmente, las
manos impresas o estarcidas obedecerían al mismo tipo de objetivo. Tras
apoyar la propia mano sobre la pared y soplar la pintura sagrada sobre ella,
la propia mano quedaba ligada a la roca y tomaba su color, rojo o negro. Metafóricamente,
la mano se fundía con la pared y dejaba su espectro cuando se la retiraba.
Tal acción establecería una concreta relación con el mundo
de los espíritus y permitiría a algunas personas (por ejemplo,
a niños en Gargas; o a enfermos) beneficiarse del contacto directo con
los poderes del más allá.
Mano estarcida de la cueva de El Castillo (Cantabria, España).
Conclusión
No ha sido nuestro propósito explicar la totalidad del arte del Paleolítico
desde el chamanismo. Basándonos en lo que se conoce de él (o,
más bien, de los chamanismos) en el mundo, hemos examinado el modo como
las cuevas paleolíticas se utilizaron durante más de 20.000 años.
Ello nos ha llevado a pensar que la mayoría de su arte se realizó
según un sistema chamánico de creencias, lo que no implica que
todas las imágenes provinieran de visiones, ni aun si el trance y las
alucinaciones hubieran tenido un importante papel. Hoy en día no podemos
conocer los detalles de las creencias de aquellas gentes. En todo caso, hemos
dado un paso hacia la comprensión de su actitud ante lo sobrenatural
y sus modos de acercarse a sus propios dioses.
Bibliografía
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