AQUELLOS OJOS QUE ACARICIAN AL MIRAR...

Argentina llora
de rabia,
emputecida.
Herida del tiempo,
que la rodeó.
Vendida en un banquete de sal.
El olor de la amargura
aún se oye por calles y barrancos,
por aceras de amor
y paseos errantes.
Por esquinas de tango
que enajenaron.
Aún se oyen las notas divinas.
Y el atardecer inmenso
de una Pampa difunta.
Aún me extraña:¿qué fue del fragor?
¿Qué fue de la rabia que nos daba aliento,
cabalgando en el mar?
¿Qué ha sido del mar
que venía a nosotros
a contramano del sol y
golpeando de viento?.
¿Qué fue de vosotros
que teníais por milonga
a cualquier maremoto?.
Aún se oyen las notas divinas
de un piano porteño
en bailecito y dolor.
En una noche de luz y calor inguinal.
Buenos Aires se inunda
de un llanto sideral.
Y el amanecer, impasible, agota.
Nos manda un tango de brisas,
con las mareas más altas.
Volverán de nuevo
los más cálidos valles.
Los paisajes más hermosos
a su calma infernal.
Belleza argentina.
Bandoneón mineral.