EL VIAJE DE LOS PAISAJES

 

Paisaje de luz

y de mi memoria:

renuévame salados aires.

Haz brotar en mí

residuos de manzanas por la sangre.

 

Paisaje de lunas y materia:

dame sueños de azul con ella.

Sueños de lo que jamás ha sido.

De lo que perdí.

De lo que creo no haber vivido.

De la felicidad muerta.

 

Paisaje de amargura:

dame el aliento de la noche.

El susurro gélido de la soledad:

el alba inmensa sin ella.

La dulzura quieta del abandono.

Déjame recordarlo todo otra vez,

déjame verla.

 

Paisaje de ocres y miedo,

dame una nostalgia inagotable:

quiero poder recordar

aquella tarde de febrero y deseo.

Aquel minuto de audacia,

de luces de colores en la almohada.

 

Paisaje de amor

y de querencia:

déjame ratos de desafío;

cachos de amor,

en vos confío.

De amores quietos

que hemos perdido.

 

Paisaje de ti,

color y caracolas,

surcos de amor y desatino.

Déjame hundirme tras las farolas,

debajo de vísceras neutrales.

 

Paisaje de locura y de raíces:

llévame a las cumbres de una broma:

un mundo incierto de codornices

que van bailando tras los disparos.

 

Paisaje de bosques y natura:

déjame verla de nuevo entre verdores,

entre robles en flor

y resaca de los vientos,

brañas y barrancos,

mares inciertos.

Luces naranjas en tus tardes.

Y amaneceres de un brillo

que se adivina infinito.

 

Paisaje de paisajes,

flor de la luna,

disparo de la retina:

déjame inventar un mundo

sólo para que vuelva ella.

Lleno de mares blancos

y de amarguras transparente.

 

Déjame que me diga

que no la he perdido.

Que volverá al planeta nuevo

y el azar nos hará cómplices.

 

Paisaje de vida,

de leche y orígenes:

aleja de mí esta tristeza infinita,

este dolor arrugado

que se me esconde en la frente,

en la boca,

detrás de los dientes.

Como un rayo olvidado

por una tormenta indolente.

 

Paisaje que fuiste el nuestro,

que te adorábamos,

en que nos mirábamos como una parte tuya.

Trágate en tus simas

esta nostalgia tozuda

que no me deja morir.

Préstame tus sentidos

y acércate a ella

sobre uno de tus vientos zalameros.

Escúchala y dime.

Mírala y hazme ver.

Asimílala,

engúllela en tus entrañas de montañas.

Incorpórala a tí como una roca,

o un viento tibio,

un dulce árbol

o madreselva.

Hazla tuya para que yo pueda verla.

Que no quiero morirme sin verla.

 

Paisaje de los mares,

negro y azul,

orgullo de los planetas:

Sóplame tus mareas

en las velas del horizonte

para llegar allí.

Guía tus oleajes

sobre mi cuerpo desnudo,

que quiero volver a verla.

Llévame hasta allí,

porque creo haberla perdido

entre las lunas de abril;

o por cualquier camino

de las pleamares.

 

Déjame que la encuentre

tras un álgida ola,

o al socaire de tus mareas,

en un breve paisaje de caracolas.

 

Paisajes de mi vida:

llevadme a ella

o hacedla vuestra:

manigua de los bosques,

o malla de los vientos.

Mojón de las bajamares

o linde de los océanos;

hito entre maremotos.

 

Porque quiero verla

antes de descansar

bajo los techos de arena.